Para los que aún no hayáis oído hablar de Marie Kondo o no sabéis en qué consiste su método, ya podéis ir corriendo al post que he publicado sobre ello. Y para aquellos que sí lo sabéis, continuemos.


Tras leerme La Magia del Orden a fondo en una tarde entera (pequeño consejo: no os lo compréis en ebook, es un libro que vale la pena tener en papel) y subrayar todo aquello que me parecía importante, me puse manos a la obra en mi propia casa.

1. Deshechar

Lo primero que hice fue recorrerme toda mi casa buscando ropa desperdigada por ahí: el perchero y zapatero de la entrada, lo de los dos armarios, lo que aún estaba en el tendedero, la camiseta que se había caído detrás del sofá y el par de calcetines que encontré debajo de la cama; lo llevé todo a la habitación y lo puse por categorías.

La parte de tocar cada prenda y sentir si me hacía feliz realmente no me pareció complicada; es algo que sientes, y aunque tuve mi montoncito de dudas sobre ciertas prendas (sabía que estaban en buen estado, me sentaban relativamente bien pero ay, les fallaba ese algo), acudí a mi interior para resolverlo y al final, las metí en una caja para cuando lo tuviera claro; y finalmente, dejé una pequeña cajita con las cosas que no me ponía, pero me hacían feliz (como una camiseta de un campamento de teatro o una camisetita de Extremoduro que guardo para mi futuro niño).
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2. Ropa interior

Con la ropa interior también fue sencillo: deseché todos aquellos materiales que no me terminaban de gustar aún estando en buen estado y tiré muchos calcetines de los que me resistía a deshacerme porque me gustaban pero no me ponía porque tenían agujeros (sí, soy muy fan de los calcetines).

3. Despedirme y dar las gracias

Me gustó también despedirme de todas esas prendas que no continuarían mi camino conmigo, me pareció una forma bonita de agradecerles el que un día me hubieran hecho feliz.

4. Ordenar

La parte de ordenarlo todo me encantó: fui al Chino de la esquina a comprar un montón de tuppers de plástico para colocar mis camisetas, pantalones y jerséis; coloqué la ropa interior en cestitas en un cajón y colgué todos mis vestidos y camisas en perchas… ¡todo por colores!

Finalmente, creo que mi gran revelación tuvo que ver con la parte de «poner los productos similares juntos» y fue cuando decidí que los cordones sueltos que guardaba junto a las bragas, en realidad debían ir en una cajita al lado de los zapatos. Asombroso, lo sé.
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Y lo último de todo (ahora sí que sí), fue decidir qué ropa tirar y cual colgar en Wallapop para intentar sacarme algún dinerillo extra.

Y eso es todo por hoy bonitos, próximamente os contaré las experiencias con el resto de apartados porque si no, se me hacía muy largo el post

¡Besitos!