Si aún no sabes quién es Marie Kondo o en qué consiste el método konmari, debes visitar este enlace, donde además hay un descargable chulísimo para que puedas empezar este método tú también. Y si lo que quieres es ver la primera parte de mi experiencia con este tema, aquí puedes hacerlo.

Y si ya conoces a Marie Kondo y su famoso método, continuemos con los libros y papeles.

Libros

Hasta ahora, creo que los libros han sido lo más complicado de este proceso dado que siempre he sido muy muy lectora y he llegado a tener cuatro estanterías del IKEA llenas de libros (unos 200-300 volúmenes), y aunque perdí la mayoría de ellos en una mudanza algo complicada, los que tengo, suelen darme felicidad todos.

1. Clasificar y deshechar

Lo primero que he hecho ha sido reunirlos todos y ordenarlos por grupos:

Generales: Aquí he colocado las novelas, cuentos, y libros de poesía y de teatro. Me he desecho de aquellos que nunca me había leído (a pesar de llevar años en mis estanterías), de los que me ponían triste (como Cartas a un Maltratador), de aquellos que no he vuelto a tocar en años y de las Rimas de Bécquer que las tenía repetidas. Y he sido incapaz de desprenderme de una edición especial de cuentos de Edgar Alan Poe (a pesar de no haberlos leído todos aún) y de unos poemarios de Machado y Neruda, porque aunque no son mis favoritos, creo que son indispensables en cualquier casa.

Prácticos: Estos los he subdividido en Cocina y Otros. En cocina solamente me he desecho de un libro que compré porque estaba bien de precio y luego no lo volví a usar y además, todos los libros de bachillerato que ya no necesitaba y un libro de plantas que usé mucho en mi época de exploradora de los bosques y que no volví a mirar después

Visuales (Libros infantiles, cómics y novela gráfica): Estos me los he quedado todos menos dos cómics de Mafalda que editó El Público hace ya muchos años y que ni recordaba que tenía. 

Revistas: Aquí ha sido mucho más sencillo: me he quedado las de decoración (vivo en permanente mudanza y las hojeo a menudo) y con aquellas en las que vienen artículos que quiero preservar. Las demás, las he recortado y usado para hacer un moodboard.

2. Volver a colocar

Cuando he terminado la selección, los he vuelto a ordenar por temáticas: las novelas en el estante superior (ya que son los que menos se miran a diario), los de cocina en el sitio más accesible, las revistas en una cesta debajo de la mesa de la televisión… 

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Papeles

Si los libros han sido lo más difícil, esto ha sido lo más sencillo de todo ya que además, era a lo que más ganas le tenía. Estaba cansada de ver tickets, recibos y papeles tirados por toda la casa, así que no lo he dudado mucho y tras una rápida y sencilla elección he dejado solamente dos carpetas:

Carpeta sin separadores donde he guardado todo lo relativo a la casa: los partes de visita de los técnicos, el contrato de alquiler que lo miramos a menudo, y algunas facturas de las que no tenemos copia electrónica.

Carpeta con separadores donde he puesto las garantías vigentes, los temas médicos que tengo abiertos ahora mismo, trabajo (contrato, temas de hacienda…), estudios (certificados y diplomas varios), papeles de las cuentas bancarias y una funda aparte con las cosas que tengo pendientes de resolver (un impreso que rellenar y un tema médico).

En general, un alivio absoluto.

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¿Y tú has hecho este método? Si es así, ¿qué tal te ha ido? 🙂